miércoles, 8 de febrero de 2017

Políticas públicas, movilidad y transporte.



Entre la interpretación convencional y ontológica – origen/destino – y cartográfica del espacio/transporte y la interpretación actualizada y teleológica – satisfacción de las necesidades de movimiento – y biológica, que conecta con los aspectos culturales y sociales de los individuos, han transcurrido muchos tiempos que sirvieron para concluir hoy aunque no se apliquen las soluciones integrales por medio de las políticas públicas que tienen que ser todo lo óptimas que se pueda, que la validez de los servicios  con los que se cubren las necesidades de las personas no tienen por qué ser interpretados en las formas unilaterales con que se leyeron siempre las eficiencias (optimización en el uso de los factores) y las eficacias (optimización de resultados) en las prestaciones, sino por el contrario las circunstancias actuales requieren una explicación y en consecuencia intervenciones multilaterales que den respuestas a las mayores proporciones de requerimientos de quienes utilizan frecuentemente los servicios públicos del transporte y la movilidad, el primero en las intervenciones a los viajes que se estiman se necesitarán considerando los despliegues espaciales de la población en función del motivo más importante en la producción (trabajo), y el segundo en las intervenciones a los viajes que no se estiman en los primeros diagnósticos pero que existen potencialmente, viajes que son “invisibles” en los relevamientos convencionales pero por ello no menos importantes porque la producción remite a motivos importantes, salud, capacidades diferentes, que para lograr las mejores sinergias de las políticas públicas tiene origen en el 20/30% de los motivos que definen los perfiles de la producción de viajes.




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