domingo, 19 de mayo de 2019

confieso


Confieso. Que la grieta que nos parte por el medio a buenos y malos a prudentes e imprudentes a tolerantes e intolerantes, etcétera y etcétera, no es de ahora ni de ayer ni siquiera y menos de mañana, que es una profunda herida que arrastramos desde que somos algo parecido a una nación en los términos que hoy se conoce al menos en occidente de lo que es una nación, esto es algo parecido a una yunta de aborígenes desplazados por colones de toda laya convertidos en oligarcas o gracias clases medias corruptas hasta la médula y una cantidad abundante de excluidos cautivos de privilegiados  serviles, que se soporta por diferentes y complejas razones y que para eso tiene constitución más instituciones que son por supuesto todas copiadas porque se trata de una aldea de copiones en la que las ideas originales se valoran menos que las ideas que se copian, una consecuencia directa de lo trucho que fuimos y somos y probablemente lo sigamos siendo mientras no se depuren un poco las inconsistencia profundas que cargamos, de pobres votando a ricos de ricos que son serviles siervos sirvientes de ricos de afuera.

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