Contratos y transporte.
En los contratos de prestación de
servicios públicos de transporte de pasajeros por delegación de atribuciones
del estado a privados hay cláusulas que deberían estar y no están, y otras que
están y no deberían estar, ejemplos de la primeras son “no interrupción de los
servicios por medidas de carácter gremial, gremial empresaria, empresaria
judicial”, “mantenimiento de estándares regulares de calidad como el
cumplimiento de frecuencias mínimas ininterrumpidas”, ·”exposición de
información contable presuntamente privada relacionada a tarifas subsidiadas es
decir a tarifas con un componente de ingreso o costo social”, ejemplo de las
que están y no deberían estar son las cláusulas en las que se habilitan
competencias en los mercados al mismo tiempo que se crean condiciones para el
ejercicio de posiciones dominantes.
Las ideas son mejores o peores
pero si después no se cumplen condiciones MIN son ineficientes.
Ejemplo, Verónica Ocvirk escribe
que los expertos en transporte suelen insistir en que nunca es bueno
embanderarse detrás de uno u otro modo y esgrimir desde ahí sentencias
inapelables, como la que asegura que el subte es la solución para todos los
problemas urbanos o que el ferrocarril puede, por sí solo, optimizar el
transporte de cargas de todo el país. Lo mejor –dicen– es tener una perspectiva
del sistema teniendo en cuenta sus interrelaciones, es decir: con un criterio
intermodal. También es cierto que, al mostrar los diferentes modos y
especificidades técnicas tan acentuadas, tanto los equipos generadores de
política como la formación de recursos humanos terminan expresando esa
segmentación. Y en el medio, como casi siempre, aparecen presiones e intereses
de actores con el suficiente poder para torcer hacia su lado cualquier
discusión. Sobre el final de la campaña para las PASO en la ciudad el jefe de
Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta, prometió al electorado un nuevo
metrobús eléctrico “transversal” que uniría los barrios de Pompeya y Palermo en
apenas 30 minutos, arrancando en el sector de Sáenz (donde hace poco se
habilitó un centro de transbordo) para terminar en la avenida Juan B. Justo. El
proyecto incluye túneles de varias cuadras de largo para sortear las vías del
Sarmiento y las áreas más congestionadas de Caballito. Lo que el candidato del
PRO se cuidó de aclarar es que cerca de ese corredor debiera construirse la
línea I de subterráneos según está previsto en la ley 670 de la CABA, en una
traza que conectaría Parque Chacabuco con Palermo con la opción de extenderse
hasta Ciudad Universitaria. La disyuntiva alienta la polémica sobre qué modo es
más conveniente para ese sector de la capital. Martín Machain, director de
enelSubte.com, señala que los carriles exclusivos le vienen al gobierno de la
Ciudad como anillo al dedo, ya que de esa manera “solo construyen la
infraestructura, mientras las empresas se arreglan solas para operar el
servicio y a la tarifa la subsidia la Nación. O sea que hacen los corredores y
se olvidan, y encima pueden inaugurarlos ellos mismos. Al subte, en cambio,
tienen que operarlo, subsidiarlo y prever plazos de ejecución más largos”.
Aclarando que el metrobús prometido por Rodríguez Larreta “tiene más
similitudes con la traza de la línea I propuesta por Macri en 2008 que con la
de la ley actualmente vigente”, el experto advierte que el proyecto “se basa en
el supuesto de que la línea I no es prioritaria, pero si se está hablando de
semejante obra, con túneles y hasta estaciones subterráneas, es claro que el
tramo presenta un potencial de demanda más que interesante como para construir
un subte”. “Además queda pendiente estudiar el costo de esos túneles debajo de
las parrillas ferroviarias y si la obra es compatible con el pospuesto pero aún
previsto soterramiento del Sarmiento”, indica. En el debate se agrega un factor
clave: la infraestructura del subte requiere de una inversión enorme. Se
calcula que por 100 kilómetros de metrobús se hace solamente uno de subte,
cuyas obras de infraestructura son carísimas. “Es cierto que el subte es más
costoso, pero ¿cuál es el plazo de amortización? La línea A duró 98 años con la
misma infraestructura y los mismos coches y en ese plazo no sufrió un solo
accidente. Los colectivos, en cambio, tienen que renovarse sí o sí cada década,
y el asfalto cada dos años. Y ni hablar de la capacidad: para transportar los
1000 pasajeros que lleva un solo subte se necesitan unos 15 colectivos. El
subte implica pensar a futuro, por eso no hay que asustarse de la necesidad de
buscar financiamiento para construirlo”, continúa Machain. Y concluye: “No deja
de ser curioso que para una formación política afecta a querer copiar al mundo
desarrollado, la inspiración para Buenos Aires no sea el transporte público
europeo sino el de Lima o Bogotá”. Andrés Fingeret, director del Institute for
Transportation & Development Project de Argentina, considera que el nuevo
metrobús puede ser una propuesta interesante. “Uno podría construir un subte
debajo de cada calle de Buenos Aires, la limitación siempre está dada por la
capacidad financiera. Más inteligente es pensar en una alternativa que brinde
una solución similar a un costo mucho menor tanto de construcción como de
operación”, explica. Según el especialista no es cierto que el metrobús no sea
escalable en su capacidad. “Los buses articulados cargan hasta 150 pasajeros y
si hay carriles de sobrepaso se pueden generar servicios expresos”, dice, y
añade que, más allá de lo que se vea en los corredores actuales, se trata de un
modo en el que se pueden mejorar las condiciones de confort de las estaciones,
sumar el pago fuera de la unidad y agilizar la carga y descarga de pasajeros,
pensando incluso en una integración tarifaria con otros modos a partir de la
SUBE. “Otra ventaja de los corredores exclusivos es que son flexibles, permiten
que por ejemplo ante un partido de fútbol o un recital los recorridos varíen en
función de la demanda. Además –prosigue– viajar en superficie es más
placentero, no hay motivo para mandar bajo tierra a quien hace un uso más
eficiente de la infraestructura tomando el transporte público.” La energía
necesaria para alimentar uno y otro sistema también es motivo de controversia.
El subte no genera emisiones en la ciudad, aunque a la vez hay que considerar
que la mayoría de la energía eléctrica argentina se genera a partir de
combustibles fósiles. El metrobús, que no tiene esa ventaja, sí aprovecha la
infraestructura existente (con lo cual no haría falta gastar energía para abrir
un túnel y comprar nuevos coches), a lo que se suma la posibilidad de incluir
unidades eléctricas o híbridas. El tiempo dirá cuál de estas alternativas
terminará prevaleciendo. Para dilucidar cuál es la más viable todavía resta una
instancia que Rodríguez Larreta se salteó: la de explicar pros y contras de
ambas opciones y abrir entonces el debate.
Etiquetas: políticas y planificación del transporte


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