Congestión y transporte.
Cuando comience a generalizarse
la idea que el espacio público en determinados contextos y en determinadas
circunstancias como las del transporte por ejemplo, tiene que dejar de ser de
consumo libre e irrestricto porque ese consumo afecta el consumo de otros o sea
los costos de unos que generan costos incrementales de otros y estos en otros y
así sucesiva y acumulativamente, hasta costos que tienen alcance institucional
como los de quien se denomina genéricamente como el estado pero que en
definitiva son los mismos ciudadanos o contribuyentes que son los que tienen
sus tiempos de espera de trasbordos de viaje, en ese momento probablemente
pueda comenzar a ensayarse alguna suerte de regulación de su utilización, para
hacerla más habitual más consistente con el medio ambiente y el equilibrio
ecológico, menos onerosa para la sociedad, más racional si esta es una palabra
que se puede utilizar para expresar que el espacio común es especialmente eso y
que cuando hay congestión lo que quiere decir que hay concurrencias encontradas
de quienes quieren utilizarlo lo más adecuado es establecer parámetros de
proporcionalidades de criterios, para que no haya sujeción a posiciones de
privilegios o de dominio de unos sobre otros en el tránsito para el caso del
transporte, probablemente en ese momento pueda comenzar a diagramarse una
contribución impositiva que desaliente rotundamente su utilización en algunas
de sus características más nefastas como fuente de externalidades negativas, por
ejemplo hay lugares ya donde directamente no hay acceso con automóviles a
microcentros de urbes con alta densidad.
Etiquetas: políticas y planificación del transporte


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