lunes, 20 de julio de 2015

Congestión y transporte.




Cuando comience a generalizarse la idea que el espacio público en determinados contextos y en determinadas circunstancias como las del transporte por ejemplo, tiene que dejar de ser de consumo libre e irrestricto porque ese consumo afecta el consumo de otros o sea los costos de unos que generan costos incrementales de otros y estos en otros y así sucesiva y acumulativamente, hasta costos que tienen alcance institucional como los de quien se denomina genéricamente como el estado pero que en definitiva son los mismos ciudadanos o contribuyentes que son los que tienen sus tiempos de espera de trasbordos de viaje, en ese momento probablemente pueda comenzar a ensayarse alguna suerte de regulación de su utilización, para hacerla más habitual más consistente con el medio ambiente y el equilibrio ecológico, menos onerosa para la sociedad, más racional si esta es una palabra que se puede utilizar para expresar que el espacio común es especialmente eso y que cuando hay congestión lo que quiere decir que hay concurrencias encontradas de quienes quieren utilizarlo lo más adecuado es establecer parámetros de proporcionalidades de criterios, para que no haya sujeción a posiciones de privilegios o de dominio de unos sobre otros en el tránsito para el caso del transporte, probablemente en ese momento pueda comenzar a diagramarse una contribución impositiva que desaliente rotundamente su utilización en algunas de sus características más nefastas como fuente de externalidades negativas, por ejemplo hay lugares ya donde directamente no hay acceso con automóviles a microcentros de urbes con alta densidad.

Etiquetas:

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio